Robert Kiyosaki popularizó en «Padre Rico, Padre Pobre» una definición que cambió la forma en que millones de personas piensan sobre el dinero: un activo es algo que mete dinero en tu bolsillo. Un pasivo es algo que lo saca. Simple, poderosa y perfecta para enseñar a niños.
Activos: el dinero trabaja para ti
Un activo genera ingresos o se revaloriza con el tiempo. Ejemplos que un niño puede entender: una cuenta de inversión que crece, un libro que compras y luego vendes más caro, un negocio pequeño (como vender limonada) que genera más dinero del que cuesta montarlo.
Pasivos: tú trabajas para el dinero
Un pasivo te cuesta dinero de forma recurrente sin generar ingresos. El ejemplo más claro para adolescentes es la suscripción a un servicio de streaming que nunca usan: pagas todos los meses sin recibir nada a cambio.
Ejercicio Kiri: Pide a tu hijo que haga un inventario de 5 cosas que tiene. Para cada una, que identifique: ¿esto me da dinero o me lo quita? Verás que la mayoría de «cosas» son pasivos, y eso abre una conversación fascinante.
La gran lección: construye activos antes que pasivos
La trampa en la que caen muchos adultos es comprar pasivos creyendo que son activos (el coche de lujo, la televisión enorme) antes de haber construido suficientes activos que generen ingresos. Enseñar esto a los hijos desde pequeños es darles una ventaja financiera que muy pocos adultos tienen.
Una cuenta de inversión Kiri es, en esencia, el primer activo real de tu hijo: un capital que trabaja para él mientras duerme, mientras juega y mientras crece.
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